El recetario La sutileza de lo
subliminal
Galicia se quema. Como casi todos los veranos, son innumerables los incendios en esa querida región de España, pero ahora algo ha cambiado: la estructura que operaba para combatir esos incendios fue desmantelada por el nuevo gobierno del PSOE en cuanto éste se hizo con el poder gracias a los votos de los nacionalistas. Se ha prescindido de la contratación de muchos de los antiguos miembros de las brigadas contra incendios, según denuncia el PP, porque no saben hablar gallego; condición, al parecer, imprescindible, para luchar contra el fuego.
Por otro lado, esa ministra que tanto se me parece a Carmen de Mairena, sí, ésa, la de las ecológicas desaladoras, Cristina Narbona, (he tenido que insistir, el diccionario del Word se empeña en llamarla Carbona) declara, según podemos leer en El Mundo, que “a los factores considerados habituales entre los pirómanos (enfermedades patológicas o intereses urbanísticos) este año se suma el hecho de que algunos de los autores podrían ser "personas con actitudes despechadas por no haber sido contratados en brigadas forestales".”
Qué mensaje tan sutil. Ahora resulta que los despechados, antiguamente contratados por el PP, son acusados de pirómanos y asesinos. En realidad, algo habitual en España. Todo lo relacionado con el PP se criminaliza con naturalidad. Ya sabemos, el PP acostumbra asesinar mejillones, ostras, berberechos, dinosaurios, niños musulmanes y lo que haga falta; para eso es un partido de derechas, el partido de Franco, por supuesto.
Va a resultar que la Narbona, en adelante, no sólo me va a recordar a la Mairena por su espectacular físico, que también, sino por sus sutiles maneras, su elegancia, su finura... Hay que reconocer que no todo el mundo es capaz de enviar mensajes subliminales con tanta clase. Recuerden a Carmen de Mairena en el programa de Sardá intentando seducir a la concurrencia. Ni Marguerite Gautier habría resultado más elegante cuando era fervorosamente cortejada por su amante y amadísimo Armand Duval.
Mi prescripción: Señora Narbona, no cambie usted nunca. Total, ¿para qué? |