Libre Albedrío La Perla del Caribe
¿Qué tienes tú, princesa, qué misterios escondes, antigua joya de la Corona española, para que todos te deseen y estén dispuestos a morir y a matar por ti desde hace generaciones? ¿Eres consciente de la infructuosa sangría que la devoción por ti provocó en miles de familias españolas y cubanas hace más de cien años? ¿Eres consciente de que el sátrapa se niega a marcharse en paz y asesina a todos los cubanos que se interponen entre él y su afán por poseerte? ¿Eres consciente de que los cubanos, pobres entre los pobres, atesoran más dignidad que nadie, mientras te miman sabedores de tu sublime fascinación, de tu majestuosa belleza?
Querida, adorada Cuba: España está en deuda contigo. Los españoles hemos sido tan buenos colonizadores como pésimos descolonizadores. En tu caso, una explosión presuntamente “provocada” que devino en declaración de guerra y un Ejército de valientes, desastrosamente equipado y abandonado a su suerte, fueron la causa del desastre, una terrible guerra que acabó con tu pérdida traumática. Pero eso es agua pasada. Ha transcurrido más de un siglo, España es ahora una nación democrática, una monarquía parlamentaria, mantenemos relaciones diplomáticas contigo y tú estás en serios apuros desde hace tiempo. El sátrapa te aburre hasta la anestesia, más bien hasta el coma, con largos discursos de 15 horas, eso sí, de vez en cuando tiene la gentileza de repartir tecnología punta en forma de ollas Express, aunque, por supuesto, muy preocupado por la seguridad de los seres humanos, si alguno de los tuyos intenta escapar, puede acabar en el paredón o encerrado, por protestón.
¿Qué hacemos nosotros, los hermanos de la vieja madre Patria? Pues depende. Hay de todo.
Algunos sufrimos, es la melancolía. Hacemos un recorrido virtual por tu privilegiado territorio:
La Habana, con su avenida del Puerto, su malecón y sus edificios; la espléndida belleza de los Jardines del Rey, con sus blanquísimas y finas arenas y sus cristalinas aguas; la playa de Varadero, con la belleza natural de sus increíbles aguas azulísimas; el Parque Nacional de la Península de Zapata, repleto de humedales, manglares, vegetación y fauna; Pinar del Río, región de excepcional belleza y exótica geografía; Cienfuegos, con su capital, una de las más jóvenes y hermosas ciudades de Cuba y el Caribe; Trinidad, la ciudad-museo de Cuba, romántica, colonial, como detenida en el tiempo; Cayo Largo, lugar de belleza insuperable, combinación de azules y blancos con un cielo siempre turquesa.
Después de pensar en toda tu insuperable belleza y en las sucias manos que ahora la mancillan, protestamos, escribimos, nos manifestamos y nos solidarizamos con los cubanos que luchan por su libertad, por tu libertad. Como consecuencia de esto, nos suelen insultar o colgar alguna ridícula etiqueta: “facha” o algo por el estilo. Nada importante.
Otros suelen ponerse camisetas con la efigie de Ernesto Ché Guevara, el asesino de cubanos. Repiten y corean consignas a favor de “la revolución”, se solidarizan con “el pueblo cubano”, eufemismo del sátrapa y su “nomenclatura” y le echan la culpa de todas tus desgracias a lo que ellos llaman el bloqueo.
Hay una tercera especie de individuos. Pasan de todo. No se meten mucho en política, ni falta que les hace, por supuesto. Pero no pierden ocasión de visitarte, princesa. Naturalmente, no van a perder mucho de sus diez o doce días en visitar, por ejemplo, el Museo Romántico, el de Arquitectura o el Palacio Cantero en Trinidad, o el Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de jagua en Cienfuegos, o la Cueva del Indio en Pinar del Río, no. Irán directamente a practicar turismo sexual. Son gente liberada. Y es que los españoles somos así de post-modernos, y de post-demócratas. Somos “post” en general. Nada que nos recuerde lo que una vez fuimos, eso nos llena de rubor, hasta el punto de esconder estatuas, quemar libros de historia y contarles a nuestros niños lo que nunca sucedió, omitiendo, por supuesto, la verdad, la profusa, profunda y, en realidad, bella verdad. No vayan a pensar que alguna vez fuimos un imperio, por ejemplo. O incluso una nación.
En cuanto a nuestros gobernantes, princesa, mejor no te cuento. Me da vergüenza. Mucho me temo que estás abandonada a tu suerte. Bueno, en realidad no. Tienes a tu santa patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. Ella intercederá ante Dios por ti. Y, con un poco de ayuda de Él, cuando al sátrapa le llegue su hora, todo cambiará, y volverás a ser libre, y próspera. No te digo que volverás a ser digna y bella y elegante porque eso siempre lo has sido. Puedes dar lecciones, princesa. Nunca has dejado de ser la Perla del Caribe.
Yo se lo recordaré también a Nuestra Señora del Pilar, santa patrona de España y de la Hispanidad, que, como sabes, es la misma. Le diré: Señora, recuerda a la Perla del Caribe, intercede por ella, sólo necesita que la liberen, lo demás ya lo harán los cubanos.
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