MUJERES DEL SIGLO XXI Cristofobia
“En la escuela, más fútbol y menos religión”. Esta frase del Sr. Zapatero me inquieta y me llena de preocupación. Y, mucho me temo, que no es a mí sola.
Muchos ciudadanos españoles se preguntan las causas de esa necesidad imperiosa que mueve al Sr.Zapatero y a sus compañeros de partido a “exterminar”, de manera rápida y contundente, la concepción y los valores cristianos que han construido los cimientos de la actual sociedad civil española. Y, si la intención de reinstaurar la II República, ofender a la Iglesia con gestos y declaraciones o cargarse las clases de Religión no serán síntomas de esa enfermedad que muchos denominan Cristofobia.
Hablando con una amiga, experta en enfermedades mentales, me explicaba que la fobia consiste en un miedo intenso y persistente desencadenado por la presencia de un objeto o situación concreta. Y que esta presencia provoca una respuesta inmediata de ansiedad o malestar incontrolable para el que la padece.
Por lo tanto, Cristo-fobia, sería el miedo atroz a todo lo relacionado con Dios y su Iglesia, que lleva a esta agresiva política que estamos viviendo en nuestro país. O, en palabras de J. Weiler, un miedo intenso a reconocer que “el cristianismo es un elemento enormemente importante para la definición de lo que nosotros entendemos por identidad europea, para bien y para mal.”.
Y , aprovechando estos días de descanso, os recomiendo analizar “clínicamente” esta enfermedad , la Cristofobia, con la ayuda de Joseph Weiler, profesor titular de la cátedra de la Unión Europea Jean Monnet en la Universidad de Nueva York, y su teoría de las Ocho dimensiones de la Cristofobia, recogidas en “Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la Catedral”, de George Weigel.
¡Vamos allá!
Antecedentes de la Cristofobia:
1.” La experiencia del Holocausto en el siglo XX, y la convicción de que las atrocidades genocidas fueron consecuencia lógica del antijudaísmo cristiano que atraviesa la historia europea”.
Por lo que Cristianismo y la “políticamente correcta” tolerancia serían términos opuestos.
2. «Mentalidad de 1968». La rebelión de los jóvenes contra la autoridad tradicional y la tradicional identidad y conciencia cristiana de Europa… continúa hoy, de una u otra manera, en los encanecidos veteranos de 1968 que ahora disfrutan de una buena posición en los parlamentos europeos, en los gobiernos, en las universidades, en los círculos literarios y en los medios de comunicación.
Por lo tanto, el objetivo de antaño sigue en la mente de nuestro gobierno: Privar al cristianismo “de su posición relevante en la vida pública europea”.
3. Regreso ideológico y psicológico a la revolución de 1989 en Europa Central y Oriental. Fue ésta una revolución no violenta que contribuyó a extender la democracia en Europa más que ningún otro fenómeno desde la derrota de Hitler, y fruto de una profunda y decisiva inspiración cristiana. Sus principales promotores, el papa Juan Pablo II, luteranos de la antigua Alemania Oriental, cristianos checos de varias denominaciones, y católicos de Polonia y Checoslovaquia, trabajaron codo con codo con antiguos disidentes políticos para derrocar el antiguo régimen y reinstaurar la democracia en el imperio territorial de Stalin. El choque con la sensibilidad de los promotores de la revuelta de 1968, muchos de los cuales no eran exactamente adictos a la causa anticomunista, fue bastante violento. La consecuencia fue una negativa a sumarse a la causa. Y así continúa.
4. Quiebra del papel dominante que antaño habían desempeñado los partidos políticos cristianodemócratas en la Europa de la posguerra. Con los cristianodemócratas en imparable ascenso, y en combinación con un olvido deliberado de la inspiración cristiana del proyecto europeo, dejaron profundas cicatrices en la izquierda europea y entre los autores del secularismo.
5. La tendencia de Europa a encuadrar todas las realidades en categorías de «derecha e izquierda». Para los partidos de la izquierda, la derecha se identifica con el Cristianismo, es decir, todo lo que Europa no debería ser (xenófobo, racista, intolerante, fanático, estrecho de miras, de corte nacionalista…).
6. El rechazo de la figura del papa Juan Pablo II por parte de los secularistas y los católicos disidentes y su innegable papel en avivar la revolución de la conciencia, que hizo posible la revolución política de 1989 en la Europa Central, su apoyo a la democracia en Latinoamérica y en Asia Oriental, su cerrada defensa de la libertad religiosa para todos, su considerable impulso para reconstruir las relaciones entre católicos y judíos, su oposición a la guerra y al aborto (por no mencionar su enorme autoridad personal y su gran popularidad entre los jóvenes), todo eso encaja difícilmente en la línea de posmodernidad que cobra cada día mas fuerza entre los partidarios del secularismo y entre los católicos disidentes. Éstos insisten en que el Papa es, necesariamente, un personaje premoderno, del que no se puede esperar nada serio que contribuya al futuro democrático de Europa.
7. La cristofobia en la Europa de hoy se alimenta de una visión distorsionada de la historia europea que carga el acento en las raíces de la Ilustración, que son las que alimentan el proyecto democrático y al mismo tiempo excluyen virtualmente las raíces históricas y culturales de la democracia en la Europa cristiana anterior a la Ilustración. Tanto carentes corno no creyentes han interiorizado esa meta-narración.
8. Finalmente, Weiler sugiere que los hijos de 1968, ahora en plena madurez y ya próximos a la jubilación, se sienten contrariados y confusos por el hecho de que, en muchos casos, sus hijos se han hecho cristianos. Los que crecieron como cristianos, pero al final de su adolescencia o en su primera juventud rechazaron la fe y la practica religiosa, están perplejos e incluso indignados por el hecho de que sus hijos hayan vuelto a Jesucristo y al Cristianismo para llenar el vado de sus vidas.
Interesante, ¿verdad?
Pero, antes de terminar, no quiero que se me olvide algo muy importante.
La cristofobia, como toda enfermedad que se precie tiene su terapia. Y, los especialistas en este tipo de trastornos recomiendan tres tipos que, personalmente creo, pueden ayudar a Zapatero y sus “seguidores”.
Algunos especialistas utilizan la realidad virtual. Esta técnica se basa en representar de manera virtual una serie de realidades alternativas que configuran un entorno en el que la información y la comunicación se nos muestran asequibles desde perspectivas hasta ahora desconocidas.
Otra forma de terapia es la Terapia del comportamiento cognoscitivo (TCC). Se basa en reconocer el pensamiento distorsionado que las origina y aprender a reemplazarlo con ideas sustitutivas más realistas. Nuestro gobierno, si quiere recuperarse, puede asimilar gradualmente que la causa de su enfermedad son los pensamientos irracionales y deben cambiar los patrones del pensamiento que están contribuyendo a su pánico.
Y la última, la ayuda los medicamentos anti-ansiedad. Ante la impotencia a superar estas situaciones de miedo irracional, ya sabemos que Zapatero, últimamente, no puede dormir y ha empezado a necesitar ayuda médica.
Pero… siempre hay un pero ¿verdad? Aun siendo unos tratamientos extremadamente acertados, se necesita que el fóbico este dispuesto a aguantar un cierto nivel de malestar y a hacer un esfuerzo continuo sobre un período largo de tiempos, tengo serias dudas, que ZP y los suyos estén dispuestos a ello.
*“Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la Catedral”, de George Weigel.
Os recomiendo su lectura, especialmente el capitulo dedicado a analizar las causas y consecuencias del descenso demográfico en Europa. |